“Bienvenido a Gaza: la mayor prisión del mundo”. La frase sale de los labios de los más jóvenes y es un grito silencioso en la cara de los más viejos. Hay en Gaza un sentimiento constante de desazón. La que provoca saber que no se tiene escapatoria. Gaza es una ratonera: Israel ejerce un bloqueo por tierra, mar y aire sobre el territorio desde hace cinco años.

© Ali Ali / Efe
Niños palestinos juegan en el campo de refugiados de Nuseirat (Gaza)

Los palestinos de Gaza estamos en una gran cárcel, como ratas enjauladas“, hace notar Basam Abu Hamed, médico y profesor de la rama local de la Universidad de Al Quds (cuya sede central está en Jerusalén Este). “El contexto en que se vive afecta a la salud. Los niveles de democracia, el bienestar social, la economía. Todo eso influye en el estado de salud de una población”, explica.

“Aquí, en Gaza, la población sufre un deterioro constante de su contexto y por tanto de su salud. Es como un ‘tsunami’; mientras en otros lugares ocurre cada mil años, aquí sufrimos cada día un ‘tsunami’ provocado por el hombre“, concluye el doctor.

El asedio israelí pesa como una losa a hombros de todos y cada uno de los habitantes de Gaza. El bloqueo restringe severamente la importación y exportación de bienes y productos, además de la libertad de movimientos de 1,6 millones de personas, que no pueden entrar o salir de la Franja palestina sin permisos.

El sitio a Gaza se calibra cuando se camina por sus calles sin asfaltar, entre el fango formado por las recientes lluvias. Los habitantes de este inhóspito lugar han recurrido a medios de transporte medievales ante la falta de gasolina y así, los que tienen una carreta tirada por un burro son de lo más afortunados.

Es tan difícil obtener leche como material químico para el laboratorio de la universidad“, afirma un profesor universitario. El bloqueo afecta desde lo más cotidiano hasta lo más sofisticado.

Ante esta situación de aislamiento, el colapso de la economía es total. Se ve por las cantidades de basura que se acumulan por todas partes: en las playas de arena blanca, en los descampados junto a hoteles de lujo, en las angostas calles de los campos de refugiados. Y por la gente que rebusca entre los desperdicios.

El desempleo se estima entre el 30 y el 40%, unas cifras “peores que las de Ruanda”, asegura Abu Hamed. Hay una población fluctuante de entre el 40% y el 85% que vive bajo el umbral de pobreza. “Los israelíes han hecho a los palestinos deliberadamente más pobres”, señala el médico. Más del 80% de la población depende de los programas de ayuda de Naciones Unidas.

Los campesinos no pueden acceder a sus tierras de labranza y los pescadores sólo pueden faenar sin sobrepasar las tres millas de la costa. Si no, se arriesgan a recibir los disparos de los soldados israelíes. Más de 100.000 palestinos -muchos de los cuales solían trabajar en Israel como mano de obra barata- han perdido su empleo desde que se impuso el bloqueo, según estima Al Mezan, un grupo pro derechos humanos con base en Gaza.

Los datos son abrumadores. La tasa de muerte de neonatos se ha incrementado del 5,4% en 2007 al 8,8% en 2010. “La tasa de mortalidad infantil no ha mejorado en los últimos 10 años”, añade Abu Hamed en referencia a uno de los indicativos para medir el progreso de las sociedades.

Los 22 días de bombardeos israelíes contra Gaza entre diciembre de 2008 y enero de 2009 –murieron más de 1.400 personas, la mayoría civiles– empeoraron una situación ya alarmante. “Las malformaciones congénitas han aumentado un 25% debido a los materiales tóxicos procedentes de las bombas”, incide el médico.

Una de las consecuencias más fatales del bloqueo israelí es que faltan en Gaza el 24% de las medicinas básicas. “Tenemos las enfermedades de los pobres (como consecuencia del deterioro económico) y las enfermedades de los ricos (por la situación de estrés). Además, la principal causa de muerte es el trauma: el 23,5% de la población total murió en 2009 a causa de heridas de bala y traumatismos“, expone Abu Hamed.

“Tenemos que hacer frente a necesidades urgentes, pero también a las necesidades a largo plazo”, concluye el doctor. Subraya que los altos niveles de anemia afectarán intelectualmente a toda una generación futura, que los trabajadores cualificados están perdiendo sus habilidades porque llevan años en el paro, que los estudiantes brillantes no pueden ir a estudiar al extranjero: 10.000 alumnos tienen prohibido continuar su formación fuera de la Franja.

“Desde hace siete años no se ha podido construir una sola escuela nueva en Gaza, pues el bloqueo impide la entrada de cemento y materiales de construcción”, indica Mahmud Aburahma, activista de Al Mezan. Más de 10.000 hogares destruidos durante la operación Plomo Fundido no han podido ser reconstruidos propiamente por falta de material.

Israel mantiene que el bloqueo es necesario para impedir a los grupos militantes lanzar cohetes contra las poblaciones israelíes fronterizas con la Franja. Pero la realidad es que las restricciones las sufren los inocentes. “La población civil está siendo castigada severamente”, afirma Aburahma.