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La causa de los inviernos extremadamente fríos que en los últimos años se registran en Europa y EE. UU. podría no estar en el cambio climático, sino en la actividad del Sol, que ahora se encuentra en un nuevo ciclo de 11 años.

Los científicos del Centro Hadley del Cambio Climático de la Met Office, en el Reino Unido, estudiaron los efectos de la actividad solar en las corrientes oceánicas. La investigación reveló que la emisión de rayos ultravioleta “calienta” las capas inferiores de la atmósfera terrestre mucho más de lo que se creía anteriormente. Incluso las pequeñas variaciones de la actividad solar afectan considerablemente a la capa del ozono, que protege de los rayos cósmicos.

Con los datos del observatorio solar estadounidense SORCE hicieron un modelo informático de los cambios del clima a lo largo de 80 años. Resultó que en el último trienio, cuando el Sol se encontraba en su fase más “tranquila” se registraron inviernos inusualmente fríos en el Reino Unido, Europa del Norte y EE. UU.

Al mismo tiempo, en las regiones más sureñas del planeta, como el Mediterráneo, y en las altas latitudes del norte de Canadá y Groenlandia se registraban temperaturas inusualmente altas. Los datos del SORCE revelaron que en esos años las oscilaciones de la radiación ultravioleta habían sido 5 veces más altas que las anteriormente observadas. El modelo reveló que tales cambios pueden influir en la distribución de las temperaturas en la tropósfera y la estratósfera.

La radiación ultravioleta se absorve por la capa del ozono, por eso cuando la actividad del Sol baja, la estratósfera se enfría más rápidamente. A su vez, esto altera la circulación troposférica, incluidas las regiones polares del Hemisferio Norte. Como resultado, el flujo de aire se mueve hacia el Atlántico y las masas de aire frío de Siberia afectan cada vez más las temperaturas de las islas británicas y de Europa del Norte.

Los investigadores publicaron en la revista Nature Geoscience que el efecto de la radiación ultravioleta solar impacta la circulación atmosférica, por eso algunas regiones del planeta se enfrían, mientras que otras se calientan. No obstante, la temperatura de la Tierra permanece en el mismo nivel. No se trata de un calentamiento o un enfriamiento global, solo en el Atlántico Norte oscilan las temperaturas.

Cabe recordar que el invierno pasado culminó la etapa más tranquila del nuevo ciclo que inició en el 2008. Se espera observar la máximo actividad solar en el 2012 o 2013. ¿Podremos entonces estar tranquilos?

Al parecer no, pues según un grupo de científicos estadounidenses, esta baja actividad solar generaría una “edad de hielo”.

Comentario: Además de los factores mencionados, cabe tomar en cuenta el factor de la ruptura de la Corriente del Golfo -provocado por el derrame de petróleo de BP- y, por ende, la modificación de la Corriente Jet. Así como también el factor de las capas superiores de la atmósfera terrestre cargadas de polvo cometario, debido al transito del sistema solar por la galaxia y el punto en el que se encuentra ahora. Esto podría sugerir un descenso más acelerado en la temperatura mundial así como un enfriamiento más marcado de lo sugerido por fuentes oficiales hasta hora. Recomendamos a nuestros lectores estos artículos:

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